Fútbol a la distancia: cómo la hinchada se mantiene cerca

El 14 de julio de 2024, Lautaro Martínez definió el partido contra Colombia en el minuto 112 del alargue y le dio a la Argentina su decimosexta Copa América. El gol se festejó en el Hard Rock Stadium de Miami Gardens, pero también en departamentos de Madrid, cocinas de Milán y living rooms de Toronto, donde miles de hinchas siguieron el partido a miles de kilómetros de la cancha.

La hinchada argentina, como la de tantos otros países con fuerte emigración, lleva años acostumbrada a mirar el fútbol lejos de casa. Lo nuevo es cómo se conecta mientras lo hace. Ya no alcanza con escuchar el resultado por radio o leerlo en un grupo de mensajes, ahora el partido se comparte en vivo, cara a cara, por videollamada.

De la radio a la pantalla compartida

Durante décadas, seguir un partido desde lejos significaba resignarse a la radio, a un audio entrecortado por teléfono o a un mensaje de texto con el resultado final. La masificación de la videollamada cambió esa rutina en la última década. Hoy es común que una familia arme una ronda de video antes del pitazo inicial, apoye el celular contra el mate y comparta el festejo del gol en tiempo real, aunque cada uno mire la pantalla desde un país distinto.

Ese hábito de conectarse por video con una sola persona, no ya en un grupo familiar sino con un desconocido del otro lado de la cámara, también creció por fuera del fútbol. Cuando Omegle, el sitio de videochat aleatorio más conocido durante casi una década y media, cerró en noviembre de 2023 después de catorce años en línea, buena parte de ese tráfico se repartió entre otras plataformas de videollamada entre extraños. Entre los servicios que quedaron está LustMatch, que conecta por cámara a dos personas adultas al azar para una charla de uno a uno.

El fenómeno interesa porque repite el mismo cambio que atravesó el consumo futbolero. Lo que antes era texto o audio ahora es imagen en vivo, y lo que antes se compartía en un grupo familiar grande hoy también se practica de a dos, entre completos desconocidos.

Hinchas que cruzan el océano

Argentina tiene una de las diásporas futboleras más activas del continente. Comunidades de hinchas de River Plate, Boca Juniors, Racing o Independiente se organizan en Europa y en Estados Unidos para ver los partidos en bares deportivos o en casas particulares, muchas veces a horarios incómodos según el huso horario. El Mundial de Qatar 2022, que la Selección ganó el 18 de diciembre ante Francia por penales en el estadio de Lusail, se vivió en decenas de países al mismo tiempo, festejado en simultáneo desde Buenos Aires hasta Barcelona con la misma camiseta puesta.

Esa distancia geográfica no borra el vínculo con el club ni con la familia que se quedó del otro lado. Lo que cambió, en los últimos años, es la herramienta que se usa para sostenerlo. Antes era una llamada corta para dar el resultado, ahora es una videollamada que arranca minutos antes del partido y sigue después del pitazo final, comentando cada jugada como si estuvieran sentados en la misma tribuna.

Cada hincha arma su propio menú informativo

La forma de informarse sobre el propio equipo también se fragmentó. Ya no hay un único diario deportivo de referencia ni un horario fijo para el resumen de la noche. Cada hincha arma su propio menú entre canales de streaming, cuentas de redes sociales y medios especializados, y aprende a moverse en un ecosistema de noticias fragmentado donde conviven agregadores globales y prensa regional, cada uno con su propia velocidad y su propio sesgo.

Para un hincha que vive afuera, esa alfabetización mediática es casi tan importante como el resultado del partido. Saber qué cuenta cubre bien a su equipo, en qué medio confiar antes de un mercado de pases y cuándo un rumor todavía no es una confirmación oficial marca la diferencia entre llegar informado al domingo o llegar dos pasos atrás de la conversación familiar.

El partido que sigue fuera de la cancha

El consumo futbolero tampoco termina cuando el árbitro pita el final. Streamers y creadores de contenido narran el partido en paralelo por plataformas de video, arman debates en vivo apenas se corta la transmisión oficial y convierten cada jugada polémica en meme antes de que el equipo llegue al vestuario, un desplazamiento del relato que se explica al repasar cómo se mira el fútbol fuera de la cancha.

Esa vida paralela del partido plantea también preguntas de moderación. Quién controla lo que se dice en un chat en vivo con miles de espectadores, cómo se filtran los insultos discriminatorios y qué pasa cuando la transmisión no oficial usa imágenes con derechos protegidos. Las plataformas de video en general, desde el streaming deportivo hasta las de videollamada entre desconocidos, enfrentan el mismo desafío de fondo: verificar la edad de quien se conecta y moderar el contenido en tiempo real, no después de que el daño ya esté hecho. Los organismos que regulan el fútbol tampoco son ajenos a esto, y cada vez dedican más recursos a vigilar cómo se consume el juego fuera del estadio.

Estar cerca sin estarlo

Nada de esto reemplaza ir a la cancha, cantar en la tribuna o abrazar a alguien después de un gol. Pero para la hinchada que mira los partidos desde otro huso horario, la pantalla compartida (sea un grupo familiar en videollamada o un streamer narrando la jugada) se convirtió en la forma más parecida a estar cerca sin estarlo.

La Copa América 2024 se ganó en Miami, pero se lloró y se festejó en simultáneo en decenas de países, con la cámara del celular como testigo. Mientras el fútbol siga generando ese tipo de momentos compartidos, la tecnología que los sostiene (llámese videollamada familiar, transmisión en vivo o cualquier otra forma de conectarse por cámara) va a seguir cambiando más rápido que las reglas del juego.