
El principal sostén del modelo actual del fútbol brasilero fue prohibido por el decreto provisional firmado por el Presidente Lula da Silva y, como era de esperarse, algunos clubes salieron al ataque. El principal de ellos fue el Flamengo, cuya campaña se centra en un título bien simple: “Prohibir no es proteger”.
Además de extensos comunicados publicados en redes sociales, estableciendo que la medida únicamente fomenta el juego ilegal, el actual campeón de la Copa Libertadores saltó al campo de juego con una camiseta a favor de las casas de apuesta legales. Claro, sin el enorme aporte de ellas, tendrán que depurar su plantel plagado de contratos a nivel de la élite europea.

En medio de un contexto electoral, las respuestas claramente se divieron en dos: los que critican al actual mandatario por la decisión que ataca el negocio del fútbol brasilero; y aquellos que atacan al club, que no se hace cargo del gigantesco problema de la ludopatía que posee el país.